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日志


2006/1/22

Patriotismo rancio

Aburrido de tanta mierda “territorialista” (que ni se si existe el término, ni me importa) voy a alzar mi voz por primera vez en torno a este tema.

 

Ayer por la tarde, de camino a casa en el “topo” (los giputxis no tenemos metro, pero si nuestro entrañable ferrocarril de vía estrecha que nada tiene que envidiarle, con perdón) iba echando un vistazo a mi llavero de la República. Encima de los colores de la bandera (legítimamente adoptada en las urnas y asquerosamente arrebatada en un golpe militar) estaba superpuesto el escudo, similar al actual pero sin coronas ostentosas y símbolos heráldicos. Y llegué a una curiosa conclusión: yo creo que dentro de poco la derecha va a querer cambiar el escudo de España. ¿Y por qué? Pues, sencillamente, porque el escudo de España reconoce la identidad nacional de los pueblos que lo configuran. Vamos a echar un vistazo:

• En el primer cuadrante, el escudo de Castilla. Uno de los reinos que configuraron esa primera idea de España y que, casualidades de la vida, ha tenido más suerte que otros en la promoción de su lengua.
 
• A su derecha, el escudo del Reino de León, el “gran olvidado”. Preguntad a un leonés qué le parece el ostracismo en el que ha caído su antiquísima cultura, en detrimento única y exclusivamente de Castilla, y comprobaréis a lo que me refiero.
 
• (Obviaré hablar del escudo heráldico del centro en el escudo constitucional)
 
• En la parte baja, a la izquierda, el Reino de Aragón, con sus variedades lingüísticas y culturales (sálveme de monopolizarlo únicamente como Catalunya). Pero, ahora que lo pienso, … ¿quién ha colocado ese escudo ahí? Desde luego, este Carod qué cosas se inventa. Ah, y lo siento señor Labordeta: me temo que nos hacen creer que su tierra es un invento.
 
• A su lado, el Reino de Navarra. También con su pequeño “pack” lingüístico y cultural. Y no porque lo diga Sabino Arana, ¡eh!. Curiosamente, he llegado a la conclusión de que a algunos les produce un orgasmo increíble decir “Euskal Herria”. No se preocupen, acepto el fetichismo…

 

• Y por último, la representación de Al-Andalus: la granada. Quizás la pusieran tan pequeña para evitar suspicacias. Pero que quede claro que “A hundred years agoooo” pusimos orden y concierto…  En fin, como diría el poeta,

país que simula ignorarme y me vigila

y nada solicita pero exige.

Cuánta hipocresía …

 

• (Sí, ya sé que en el escudo no está el de Galicia, pero Fraga es mucho Fraga)

 

En resumidas cuentas, yo creo que ya es hora de abandonar esa idea rancia de “Una, Grande y Libre” y afrontar lo que verdaderamente es España: la unión fraternal de diversos pueblos para dotar de una mayor garantía a sus derechos.

 

Mientras tanto, échense a temblar. Para algunos, España se desmiembra desde el escudo hasta la constitución, pasando por los estatutos. No se vosotros, pero yo por si acaso ya he comprado latas de aceitunas para sobrevivir al asedio a mi barrio con los tanques del señor Mena…

2005/12/6

Artículo de Perdigó

 "A lo mejor se queda con el solar y hacemos una cosilla ¿eh? Tu haces de intermediario de la venta, que yo no puedo, y tú pides la comisión ¿eh? Y luego nos la repartimos bajo mano. (...) Pero me tengo que hacer rico, porque me estoy arruinando, Borro. (...) Tengo que ganar mucho dinero, me hace falta mucho dinero para vivir"
 

Con este desparpajo se sinceraba Eduardo Zaplana en uan conversación telefónica con su amigo el concejal valenciano Salvador Palop, el 11 de febrero de 1990. Una charla que salió a la luz por un pinchazo policial, y que no arruinó la entonces incipiente carrera de quien era presidente del PP en Alicante porque el sistema jurídico garantista de la democracia española no consideró la grabación como válida en el famoso caso Nasiro, de financiación irregular del PP.

 
Viene a cuenta rescatar lo que piensa Zaplana -¿habrá tenido tiempo ya de hacerse rico?- para reflexionar sobre el desparpajo con que la derecha de este país anatemiza aquello con lo que no comulga, sin asomo de remordimiento de conciencia por los pecados cometidos. Oír al portavoz del PP, con semajante currículo y lo que queda por ver, decir que a Montilla "se le ha pillado" por la condonación de intereses de la Caixa al PSC -algo que será tan feo como la condonación de los créditos al PP, pero que es a todas luces legal-, sólo puede provocar sonrojo o admiración.  Una admiración que se extiende a su colega Ángel Acebes, coautor de la patraña informativa del 11-M, y que hoy sigue en sus trece con una versión cómica bajo el titulo "ETA tutela el Estatut".
 
Vaya también una ovación para Esperanza Aguirre, por su enérgica arenga a los cachorros peperos para que acaben con el complejo de la superioridad moral de la izquierda, y por su exaltación del amor de los conservadores por la libertad. Toda una declaración de principios compatible ¿por qué no? con el sentido elógio que Fraga dedicó a su añorado Franco en el 30º aniversario de que el invicto caudillo lo dejara todo "atado y bien atado". Manda huevos, que diría Trillo, el héroe del Perejil.
 
 Joan Manuel Perdigó, publicado en "El Periódico" el pasado 30 de noviembre
2005/7/25

Memoria

Artículo de Ismael Serrano
 

En este país hubo un tiempo en que se hablaba en voz baja en los autobuses. En los colegios castigaban a los niños que hablaban otra lengua distinta al castellano. No se podía ser de izquierdas ni nacionalista ni faltar a misa. Hubo antes también una guerra. Y tras ella, la dictadura. Franco no era un buen hombre ni un gran dirigente. Cuéntele estas historias a sus hijos. Insista en que memoricen. Que al menos su recuerdo salve la verdadera historia, porque ciertos políticos quieren reinventarla. El rey y la derecha española tratan de convencernos de que el castellano nunca se impuso. A los indígenas latinoamericanos se les pedía por favor que asistieran a clase de español. Eso me pareció entender.

 

Dentro de poco la derecha se dejará de niñerías y reivindicará la memoria de Franco. Se empezará relativizando. Se dirá que la situación era insostenible. Que la guerra civil no fue para tanto. Y que con Franco, ése hombre, se vivía mejor. Se le harán grandes homenajes y la gente lanzará globos al aire y serpentinas. Se soltarán Vivas a España y a la madre que la parió. Lo siguiente será revisar los libros de texto y la memoria de los más jóvenes.

 

En Alemania la negación del holocausto es delito y los campos de concentración son museos que recuerdan el horror de aquellos años y la tragedia de sus víctimas. En España aún podría hacerse algo parecido. Sacar el cadáver del dictador del Valle de los Caídos y convertirlo en museo. Un museo que recuerde a los presos que lo construyeron, al bando vencido que, en definitiva, fuimos todos. Eso y contarle a los niños antes de acostarse largos cuentos que hablen de cómo fueron perseguidos algunos sueños y de cómo, gracias a la voluntad de algunos luchadores, se mantuvieron vivos. Recordemos la historia real para saber lo que aún nos queda de camino. A veces basta con mirar lo recorrido.